martes, 22 de diciembre de 2015

Mandar mata. Ser parlamentario protege.

Hasta ahora conocíamos algunos de los privilegios de los que han venido disfrutando los “padres de la patria”, esos señores tan respetables que nos representan.A cambio de sus denodados esfuerzos por nuestro bien, reciben un salario acorde al mismo hoy, acompañado a menudo de la apertura de sustanciosas puertas giratorias mañana, garantizándose además una “digna” pensión cuando llegue el momento del retiro,  amén de disponer de diferentes “instrumentos” ( visas , seguros, aforamientos, aparatillos Apple) que hacen la vida más cómoda.
Lo que se desconocía hasta la fecha es que además tienen menor mortalidad que la población general, según se deduce de un trabajo publicado en el número de Navidad del BMJ de esta semana. En él un estudiante de doctorado de Exeter acompañado del “Chief Medical Advisor” de su departamento, analizan el ratio de mortalidad estandarizada de los miembros de las dos cámaras británicas y la comparan con la de la población general durante el periodo 1945-2011. Los miembros del Parlamento “nunca han estado también”, concluyen los autores, aunque como era de esperar la mortalidad es menor entre los partidos de la derecha ( los “Torys”) que en los de la supuesta izquierda ( "Los laboristas"). Las teorías del gradiente educativo y la correspondiente inequidad social parecen cumplirse: los diputados conservadores que estudiaron en “Oxbridge” ( Oxford + Cambridge) doblan ampliamente el número de sus colegas laboristas.
Sin embargo, mientras ser diputado es claramente bueno para la salud, ser primer ministro, presidente o dictador ( es decir , mandar) parece ser que  precipita el envejecimiento y adelanta la muerte. Ya el gran Donald Redelmeier ( el que demostró que cuando hay atasco es mejor no moverse de tu fila) había publicado en los Annals en 2001 que los actores con Oscar vivían más que los que se quedaron con la miel en los labios, aunque más tarde los de Columbia le dieron p’al pelo poniendo en evidencia las vergüenzas de su análisis estadístico. Escarmentados en cabeza ajena ahora un grupo de Harvard analiza la mortalidad entre gobernantes y opositores, en el mismo número del BMJ, aunque sin tener en cuenta como llegaron al poder , puesto que incluyen  en su estudio (por lo que se deduce de las fechas) a tipos tan recomendables como Mussolini y Franco aunque no a Hitler ( hasta ahí podíamos llegar).
La muestra de estudio incluía 540 candidatos, 279 ganadores y 261 perdedores. Los primeros vivieron cuatro años menos desde su última elección que los candidatos que nunca gobernaron. Es decir gobernar un país es un factor de riesgo para la salud ( no sabemos si lo incluirán en el REGICOR en la próxima actualización).
Por lo tanto, mientras dirigir un país ( ya lo hagas al estilo de Thatcher o de Zapatero) siempre supone un desgaste evidente, se confirma la impresión popular de que ser parlamentario es una forma de vida regalada, cuya holganza reiterada acaba beneficiando la salud del afortunado ( sobre todo los de las últimas filas del congreso, esos que solo van en las grandes ocasiones y salen despavoridos cuando interviene el de Coalición Canaria)
Por lo que se deduce del estudio, la menor esperanza de vida  de los grandes “conductores” parece que va ligada a un envejecimiento más acelerado. Sin embargo también aquí, España es diferente. Comparen si no el evidente deterioro del americano Obama en sus años de mandato, frente al estado casi inalterable del español Rajoy. Un tipo que se sabe de memoria la alineación del equipo de fútbol de Grecia en el Mundial del 82 , pero que evita el estrés de los debates a cuatro, sabe muy bien los riesgos a los que se enfrenta como Líder de la nación.

No se si han puesto al corriente, a los señoritos Sánchez, Iglesias o Rivera de los peligros que corren, sus esforzados asesores. Por si acaso aquí tienen la evidencia


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