martes, 4 de abril de 2017

Congresos




Hace unas semanas una colega iberoamericana, que realizaba una estancia formativa en España, me manifestó su interés en asistir al Congreso Nacional de Hospitales, recientemente celebrado en Sevilla, y que en este año alcanzaba su edición número 20. El único problema era que el precio de la inscripción, 655 euros, estaba completamente fuera de su alcance. A pesar de las gestiones que intentó realizar no le fue posible asistir al mismo. Con cierta retranca me preguntó si en España podemos permitirnos pagar estas cantidades por asistir a un congreso.
La respuesta es obviamente no, a menos que uno sea familiar del gran filántropo Amancio Ortega o implicado en los papeles de Panamá.  Y sin embargo más de 2000 profesionales encontraron la forma de financiar, no solo la cuantiosa inscripción, sino los inevitables gastos de desplazamiento y estancia.
Esquilmados muchos de sus tradicionales “bancos de pesca” por las políticas de uso racional de medicamentos y control del gasto implantadas en las últimas décadas,la industria farmacéutica  ha encontrado nuevos caladeros que no van ligados a especialidades concretas, sino a entornos transversales que pueden interesar y atraer a múltiples profesionales de muy diferentes entornos: uno de ellos es sin duda el de la gran moda de nuestro tiempo, el croniquismo ilustrado, que tiene su momento cumbre anual en la celebración del Congreso Nacional de Atención al Paciente Crónico, y que ya va por su 9ª edición al módico precio de 500 euros, algo menos si uno pertenece a las dos sociedades impulsoras de la iniciativa, semFYC y SEMI, y algo más si uno se despista y se le echa el plazo encima.
La otra gran iniciativa transversal es este gran congreso de hospitales, que desborda las fronteras del “castillo hospitalario” (en la afortunada metáfora de Mathers y compañía) para impregnar la práctica totalidad de la sanidad, desde su sostenibilidad al big data, de la atención integrada a la gestión de patentes.
Es interesante observar la aparición de una nueva “colusión de intereses” de este modelo emergente, en que comparten inauguraciones, discursos magistrales de la máxima autoridad política correspondiente, canapés y cenas, políticos sanitarios de cualquier signo y gestores de cualquier modalidad de gestión, con la “industria farmacéutica” tan denostada por esos mismos políticos y gestores, pero que de una forma u otra paga el dispendio.
De nuevo se asistió en Sevilla a ese vistoso espectáculo que ya comentamos aquí, consistente en que cada mesa redonda lleve incorporado el logo del financiador de turno, de Novartis a Boheringer, de Roche a Abott, pero de la que no están exentos nuevos patrocinadores ávidos de buenos negocios, desde American Express a Siemens, de Medtronic a Elsevier.
En un sistema sanitario que falsea y oculta sus datos, sobre la que se cierne la amenaza de su desaparición en la forma en que la mayor parte de los ciudadanos prefieren ( un sistema público de calidad, gratuito en el momento de la prestación y financiado por impuestos), será difícil ganarse y mantener la confianza y el compromiso de los profesionales, y convencerles de la necesidad de utilizar criterios de evidencia y coste oportunidad en el uso de las tecnologías, si observan como aquellos que les dirigen se apuntan también al tentador carro de congresos masivos, fastuosos y cuyos precios desorbitados…pagan otros. Porque ya se sabe que al final, siempre el que paga manda.
En 2012 Ioannidis ya escribió en JAMA que no existe evidencia que soporte la utilidad de los congresos. Y además señalaba: “ A la inversa, algunas pruebas acumulativas sugieren que los congresos médicos pueden servir a un sistema de valores cuestionables que pueden ser dañinos para la medicina y los sistemas sanitarios". Las razones de ello eran múltiples para Ioannidis: el consumo de combustible de tanto viaje inútil, la ingente producción de comunicaciones y póster de escaso valor científico y aún menor control de calidad, la limitada utilidad práctica de lo comunicado,... Con su habitual capacidad de provocación Ioannidis sugería excluir de los comités de cualquier congreso a cualquier persona con vínculos con la industria en los últimos tres años, además de,¿por qué no?, realizar algún ensayo clínico controlado de congreso frente a control.
Las reuniones de profesionales posiblemente serán siendo necesarias a pesar de las inmensas posibilidades de intercambio y aprendizaje que ya ofrecen las nuevas tecnologías. Siempre será interesante conocer personalmente a alguien a quien admiras profesionalmente y con el que tal vez puedas acabar trabajando juntos. Y hay formas de hacerlo sin inscripciones obscenas, multitudes que vacían las salas y abarrotan las playas, y mesas redondas portadoras de carteles publicitarios como los futbolistas de hoy .
Solo unos días el I Congreso de la Cabecera demostró que se pueden acabar las inscripciones a más velocidad que se agotan las entradas del Boss ( con el consiguiente cabreo para los que se quedan sin entrada), para asistir a un congreso cuyos temas y ponentes lo deciden estudiantes y residentes, y donde no hay cuota alguna que pagar ni logo alguno que mostrar.
Conviene que nos vayamos decantando respecto a de qué lado estamos. 

( Fotografías:imágenes de los dos congresos citados)

3 comentarios:

  1. Hola Sergio ... , no me pude resistir y comentar tu blog de hoy ... en mi Área .., la matrícula al congreso la hemos financiado a todos los que llevaban comunicaciones con nuestro presupuesto ligado a Formación y a asistencia a congresos ... me siento mucho más libre así ... un abrazo !!!!

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    1. Eres un ejemplo Lola. Ojalá cundiera más. Una pregunta, ¿no crees que una matricula de casi 600 euros no es desproprocionada?
      Un abrazo

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  2. Desproporcionada no ... intolerable !!!!!
    Un abrazo !!!!

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